¡SIN DIOS ESTAMOS FRITOS!
¡SIN DIOS ESTAMOS FRITOS!
Haz experimentado ver la
fragilidad de un huevo? Un huevo está envuelto en su cascarón; y sin él el
huevo queda a la intemperie y su supervivencia está expuesta a estar como un
huevo frito.
Les parecerá poco común la comparación,
pero en la vida real, nos parecemos mucho a un huevo. Si, porque desde que
nacemos estamos expuestos a un sin fin de situaciones. Nadie está exento de
problemas, dificultades, caídas, derrotas, fracasos. Todo ello forma parte de la vida; pero con
Dios las cosas son diferentes….
¿Y porque con Dios son
diferentes? ¡Porque con Dios todo es posible! Con Dios las cargas son menos
pesadas; porque nosotros cuando clamamos a El, El viene pronto a nuestro
socorro.
Una vida sin Dios, no sólo se
torna vacía, se vuelve insípida, sin
color, sin amor, sin valores ni
principios, en síntesis, ¡quedamos fritos!
Cuando Cristo en el Monte de los
Olivos oró a Dios Padre, Dios acudió a su llamado.
Dios es pieza clave en nuestras
vidas. Una vida con Dios, pese a las
tribulaciones, es más llevadera pues estamos a flote. Dios ama a sus hijos y
nunca nos abandona.
Si ponemos nuestros problemas en las
manos de Dios, estamos asegurando
nuestra vida; ya que su fidelidad es infinita para con nosotros.
La exposición de ser hombres
fritos, deja de ser, puesto que cuando
Dios entra al corazón del hombre, lo transforma, lo renueva, lo moldea y lo libera de quedar frito.

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